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martes, 2 de junio de 2015

Una lluvia, mil destrozos.

Ahora mismo pasan de las 10 en la noche y es cuando se precipitan volúmenes incontenibles de lluvia sobre el techo de la casa en donde me encuentro.
Llueve en la ciudad y pienso en el indigente, en el miserable que se asentó al lado de los canales pluviales, pero también pienso en el colapso del sistema de drenaje, taponado por los desechos que constantemente son depositados en las calles o dónde sea.
Llueve en el campo y pienso en el agricultor, que ve con esperanza cada gota caer, espero el verde espectáculo y las garzas en el Valle de Sébaco.
Tanto para lo que no se está preparado a pesar de tener experiencias suficientes, no quiero ni ver las notas de mañana, un tema de donde hay mucha tela que cortar.
Y mientras no puedo irme a dormir, espero el tiempo justo de cocción de un queque de chocolate que está en el horno. Si fuese de día, lo disfrutaría de otra manera.
¡Que siga nuestro diluvio!

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